Una vez me prestaron un libro de un sacerdote jesuíta que trataba de cómo el miedo hacía que las personas no pudieran desarrollar sus potencialidades, el autor estaba en contra del miedo, el miedo como motivador ha llevado al hombre a situaciones oscuras, la argamasa de las paredes del infierno es sin duda el miedo.
Existen dos clases de miedo, aquel que naturalmente sentimos cuando nuestra integridad, sea ésta física o mental o social, está en peligro. Ese miedo es sano, es sano sentir un poco de miedo cuando subimos a un avión, porque los seres humanos no tenemos alas, y sabemos las consecuencias de una caída libre a gran altura sobre nuestra osamenta.
El miedo que combatía este religioso jesuíta era el miedo que paraliza, y ponía por ejemplo el caso de un pequeño pájaro , paralizado por el miedo ante la vista de un gato montez u otro depredador que lo acecha. El miedo positivo lo haría volar inmediatemente, pero el otro el paralizante le dice que ni bien se mueva será más vulnerable al ataque del depredador, y se queda ahí paralizado, pensando que al no moverse no será visible ( no es mala idea, algunos depredadores detectan el movimiento mejor que los contrastes de color), pero inevitablemente es apresado por el depredador, el miedo lo condujo a la muerte.
O más bien el equilibrio entre el querer volar y el miedo a ser atrapado.
No hay mujer, no hay hombre sanos mentalmente que no experimenten el miedo, el asunto está en sobreponerse, y evitar el equilibrio entre el miedo que paraliza y el impulso de volar.
Cuando un equipo de fútbol ataca con 9 o 10 jugadores y todos se tiran al campo del rival, hay muchos hinchas que les da miedo, saben que el contragolpe puede ser mortal, así que la mayoría de los cuadros en nuestro país se dejan ganar por ese miedo y juegan al “empate” a no “regalarse”.
Las consecuencias son evidentes, somos la quinta potencia futbolística de latinoamérica, por lo menos en los últimos 12 años. Y eso que el 30 % del tiempo de nuestros informativos y un gran porcentaje de nuestro tiempo le prestamos atención a este deporte.
Deberíamos estar conformes con esa posición. Aquí lo mejor es el equilibrio entre el ataque y la defensa, hay que atacar pero también hay que defender.
O mejor aún si un equipo es superior es mejor defenderse que atacar. Así el mejor resultado es un empate, si bien todoos sabemos que las reglas de los campeonatos lo penalizan, los hinchas de los equipos “chicos” lo siguen mirando con cariño. Este equilibrio que conduce a la muerte, está matando al fútbol, según algunos entendidos.
Durante la 1ra Guerra Mundial, los ejércitos alemanes del frente occidental y los aliados belgas frances e ingleses (más tarde estadounidenses) llegaron a una situación de equilibrio de la muerte que consumió varios millones de jóvenes sanos y fuertes, de lo mejor que esas naciones. Algunos historiadores afirman que en esas interminables batallas de las trincheras se terminó la europa democrática y liberal creada después de la revolución francesa. Algunos encuentran en esas trincheras en ese barro y en ese gas mostaza los orígenes del nazismo y del genocidio judío, por lo pronto en esas trincheras del “equilibrio de fuerzas” se formó definitivamente la personalidad de cierto tipo austríaco de bigotito gracioso. Una vez más el equilibrio de la muerte.
Ese es el equilibrio del miedo. El mundo sería mucho más un paraíso y menos un infierno si los hombres tuviéramos solamente miedo de volar.
Pero siguiéramos volando.
Como nota al pie, me imagino que asocié equilibrio con miedo cuando la otra vez en la rambla vi un cartel que pasó de promocionar la “seguridad” que ofrecía un candidato al “equilibrio” que ofrecía en esta segunda vuelta.Archivado bajo: Uncategorized | Deja un Comentario »